EvDH: Juan 12, 24-26 (10/08/17)

EvDH: Juan 12, 24-26 (10/08/17)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre”.

Reflexión

Ciertamente Dios ha creado todo, como lo asegura el libro del Génesis: “Muy bien y muy bueno”.

Sin embargo, el pecado ha hecho que, a pesar de esta realidad, como dice san Pablo, no todo nos es conveniente. Y es aquí en dónde se prueba realmente quién es o no verdaderamente cristiano.

La tentación se presenta indistintamente para todos, sin embargo, el cristiano, ejercitado en la oración y en la renuncia a sí mismo, convencido que la vida en Cristo vale la pena cualquier renuncia, es capaz de renunciar a todo aquello que, aunque se presenta bajo la apariencia de bien, sabe que lo conducirá irremisiblemente a perder la amistad con Dios.

Si no nos ejercitamos en la renuncia, si no somos capaces de negarnos ni siquiera las pequeñas cosas, los pequeños gustos, será muy difícil renunciar a las más grandes y peligrosas tentaciones, lo que hará que nuestra vida quede estéril y sin fruto. Empieza por poco, pero empieza hoy.

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